jueves, 20 de octubre de 2016

ASPHA: Asociación Profesional del patrimonio Histórico-Arqueológico



El sábado, los miembros de ASPHA (Asociación Profesional del Patrimonio Histórico-Arqueológico de Cádiz)  nos reunimos en Cádiz para celebrar nuestra reunión anual. Contamos con la presencia de D. Francisco Giles Pacheco, miembro de honor de la Asociación.
ASPHA es una asociación profesional creada en julio de 2008. Entre sus objetivos principales se encuentran la defensa y la difusión del patrimonio histórico y arqueológico. La idea surgió a raíz de un grupo de arqueólogos y arqueólogas y personas afines a la arqueología (historiadores, geólogos, restauradores, químicos, etc.) que tenía una serie de inquietudes sobre nuestro patrimonio Histórico-Arqueológico y, al ver las diferentes vicisitudes por las que atravesaba y atraviesa nuestra profesión, decidimos asociarnos para dar solución a los múltiples problemas que nos afectaban.
Se estableció una serie de cauces de actuación para los miembros; entre ellos,  destacamos la elaboración de nuestros estatutos, así como de los fines y objetivos de la asociación, su funcionamiento y su regulación.
Otra de nuestras líneas de actuación fue darla a conocer a través de la prensa, para lo cual se convocó en diciembre. En ese año actuaban como presidenta la arqueóloga Esperanza Mata Almonte y como vicepresidente tesorero Manuel Montañés Caballero. Nuestra compañera, Beatriz González Toraya (in memoriam), lo hacía como secretaria; era la parte más activa de la Asociación, la que siempre nos impulsaba a seguir adelante; siempre estará con nosotros y nosotras.
Gracias a los esfuerzos realizados por los miembros de la Junta Directiva a lo largo de estos años, hemos visto cómo nuestra asociación ha crecido y desarrollado múltiples trabajos enfocados en la protección del patrimonio, tal como lo demanda la sociedad, no solo como recurso educativo y pedagógico, sino también como recurso turístico.
Creemos que la arqueología debe ocupar un lugar en el ámbito de la gestión del patrimonio y, desde esta perspectiva, entenderemos mejor los contextos históricos, sociopolíticos y económicos que subyacen a nuestra problemática actual. La arqueología está en continuo avance y entra en contacto con campos muy diversos, como el desarrollo rural, la ordenación del territorio, las políticas urbanísticas, la gestión ambiental, la cinegética y la forestal, la restauración, la arquitectura, la gestión empresarial, entre otros.  La legislación sobre la protección del patrimonio previene la realización de estudios arqueológicos en el marco de las estimaciones de impacto ambiental, a fin de evitar la posible destrucción de yacimientos que puedan dar lugar a la ejecución de obras. 
También se realizan trabajos de recopilación e inventarios de los restos arqueológicos que aparecen en los yacimientos, es decir, su campo de actuación es muy amplio, por eso los miembros de la Asociación estamos realizando diferentes trabajos en los más variados temas de arqueología y patrimonio histórico y cultural, unos lo hacen en excavaciones de campo, otros en la arqueología subacuática, arqueología experimental, labores en museos, tareas de investigación, y realizando actividades de difusión y divulgación de nuestro Patrimonio Arqueológico. 
Desde nuestros diferentes posicionamientos, creemos que es imprescindible hacer comprender a la sociedad en su conjunto, a través de la formación y la convivencia, la importancia de preservar y conocer nuestro patrimonio arqueológico.
No queremos dejar pasar nuestro agradecimiento a D. Manuel Sánchez Ortiz de Landaluce, Vicedecano de Grados de la Universidad de Cádiz, por su apoyo incondicional, su participación y su buena predisposición en todos los eventos programados por la Asociación.

Primera reunión de ASPHA en el año 2008. En Medina Sidonia (Cádiz), población que siempre nos ha acogido con cariño.
Cádiz  2016

martes, 13 de septiembre de 2016

CUEVA DE EL PENDO (Camargo, Santander)

Uno de los eslóganes con los que se presenta Santander es Cantabria Infinita, por la diversidad de parajes que conserva, entre ellos, la gran cantidad de cuevas prehistóricas que han perdurado hasta nuestros días.
En pleno valle de Camargo, en la localidad de Escobedo, se encuentra la cueva El Pendo; fue una de las primeras cuevas descubiertas en la cornisa cantábrica y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2008.
Esta cueva se formó a lo largo de miles de años. El arroyo que recorre la sierra del Peñajarao fue erosionando la roca del farallón calizo donde se abre la gruta, abriéndose paso y confirmando la existencia de un conducto subterráneo, por lo que las aguas superficiales de escorrentía alcanzan el nivel freático.
Posteriormente, los estratos de caliza dispuestos horizontalmente fueron desplomándose y los grandes bloques que cayeron desde el techo y las paredes fueron sepultando el suelo de ocupación. Todo este proceso geológico ha dado lugar a una oquedad con una boca y un vestíbulo amplios.
Esta cavidad fue descubierta por Marcelino Sanz de Sautuola, quien era muy aficionado a la arqueología, y en los años 1870 y 1880 se dedicó a explorar las tierras de Santander en busca de los orígenes de sus habitantes. Y encontró la cueva El Pendo, donde descubrió un gran número de restos óseos, algunos de ellos tallados, así como dientes de animales y objetos de pedernal tallados. Durante varios años se realizaron sondeos y catas, pero fue con el arqueólogo Hermilio Alcalde del Río, en 1907, cuando se realizó la primera referencia estratigráfica de la cueva y se descubrieron los primeros grabados: en concreto, lo que se estima que es un ave en la parte más profunda de la cavidad y un posible caballo.
Han sido muchas las intervenciones que se han llevado a cabo tanto dentro como fuera de la cavidad, y han sido varios los equipos que han trabajado, entre los que destacan los dirigidos por los arqueólogos  Jesús Carvallo y Larín, Julio Martínez Santa Olalla y Ramón Montes. Por eso, la cueva El Pendo es uno de los yacimientos más citados en la historiografía arqueológica de la Península Ibérica. Sus numerosas intervenciones han dado lugar a la publicación de tres monografías  y numerosos trabajos: la primera, publicada por el padre Jesús Carvallo y Larín en 1933; la segunda, por J. González Echegaray en 1957; y la tercera, por Ramón Montes y Juan Sanguino, en 2001, que viene a dilucidar los últimos hallazgos.
La secuencia estratigráfica de la cueva del Pendo abarca desde el Paleolítico Medio hasta la Edad del Bronce, es decir, desde hace 84.000 hasta hace 1.500 años. Los primeros habitantes de la cueva fueron los neandertales, quienes la ocuparon como hábitat. De sus ocupaciones han quedado acumulados miles de restos en depósitos de hasta 5 metros de profundidad. A través de ellos sabemos que los neandertales fabricaban utensilios de sílex obtenidos de sus alrededores.  La caza de caballos, bisontes y ciervos, así como la recolección de frutos silvestres, constituía la base de su subsistencia.  Del ciervo, el Homo sapiens aprovechaba prácticamente todo: además de su carne, los huesos y las astas le servían para fabricar bastones de mando, azagayas, arpones perforados, espátulas y agujas para coser.
El valor arqueológico de la cueva El Pendo, en un principio, se debió a su registro arqueológico y de arte mueble. No fue hasta la campaña de 1997, llevada a cabo por los investigadores Sanguino y Montes, cuando un miembro del equipo (el topógrafo) percibió la presencia de pinturas en la parte profunda de la cavidad, en concreto, en un amplio panel de 15 a 20 metros de ancho, cubierto de suciedad y de una gran cantidad de líquenes. Tras una fase de limpieza y restauración, se descubrió lo que posteriormente sería conocido como el “Friso de las Pinturas”.
Ese gran mural comprendía una decena de ciervas, cabras, caballos, zoomorfos indeterminados, así como signos y trazos pintados. La técnica utilizada es el punteado en pinturas realizadas con el tampón y el dedo, con pigmento de óxido de hierro rojo.
Podemos considerar que en la cueva El Pendo se observa una concentración de figuras parietales con características técnicas y estilísticas muy similares a las de la cueva de Covalanas.
Pero quizás la riqueza de la cueva radica en su arte mueble. El valor de las piezas encontradas no tiene ningún otro referente en toda Europa; hablamos de bastones de mando perforados, de gran finura y de laboriosidad en su elaboración. Así como una rica colección de objetos grabados en hueso y asta, tales como arpones, azagayas, bastones perforados, agujas y espátulas. Hay una rica variedad de animales representados en estos objetos, como serpientes, cabras y peces, lo que pone de manifiesto la capacidad de observación de estos grupos humanos y el realismo con que los plasmaron.
Durante este mes de septiembre se llevará a cabo la primera excavación, realizada con un equipo multidisciplinar del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social y del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de la Universidad de Cantabria, y dirigida por Edgard Camarós, junto a los codirectores del proyecto, Pablo Arias y Marian Cueto.
El objetivo de este proyecto es investigar los procesos evolutivos y el comportamiento de Homo neandertal y Homo sapiens sapiens.


Entrada a la cueva.



Vestíbulo principal.
Esplanocráneo infantil de Homo sapiens. Magdaleniense Inferior.
Venus del Pendo.
Algunas de las azagayas decoradas, arpones de una hilera de dientes, matrices óseas para agujas, agujas con ojo, punzones, punzón decorado con incisiones. Magdaleniense.
Hueso con representación de caballo. Magdaleniense Superior Final. 13.000-11.500 BP.
Bastón de mando.



viernes, 19 de agosto de 2016

MUSEO DE PREHISTORIA Y ARQUEOLOGIA DE SANTANDER (MUPAC).

En el año 2003, recién defendida mi tesis doctoral, se celebró la 45ª Reunión Anual de la Sociedad Hugo Obermaier en Santander, un encuentro científico de carácter internacional en el que se presentaron los resultados de las últimas investigaciones realizadas en  los diferentes países del mundo en torno al Paleolítico. Y allá me fui con unos compañeros del Grupo de Investigación (Pedro Cantalejo, Salvador Domínguez y Rafael Maura).
El congreso estuvo organizado por el Grupo de Prehistoria de la Universidad de Cantabria y se celebró en la Escuela Superior de la Marina Civil y en el Museo de Altamira. Contó con la asistencia del presidente de la Hugo Obermaier-Gesellschaft  (Ludwig Reisch). Una de las actividades que realizamos estos días fue la visita al Museo Arqueológico de Santander, nada trascendental, ya que era un museo bastante clásico.
Este verano he pasado de nuevo por Santander y me he llevado una grata sorpresa al visitar este museo. De entrada, se le ha asignado una nueva ubicación en el Mercado del Este, en un edificio construido entre 1839 y 1842, declarado Bien de Interés Cultural en 1986.
Este nuevo espacio ofrece un itinerario cronológico que abarca desde la Prehistoria hasta el Medievo y se inicia con una estupenda introducción a la Arqueología, en la que la  zooarqueología es la gran protagonista. Aquí, los restos óseos de animales desempeñan un papel destacado para comprender los modos de vida de las sociedades paleolíticas y la importancia de la caza en estas comunidades.   Las diferentes salas están dotadas de material informático, pantallas interactivas digitales, paneles y vídeos, lo que te garantiza información exhaustiva sobre los distintos contenidos y las fases por las que atravesó la prehistoria. Me llamaron mucho la atención la sensibilidad, la escenografía  y la sensación con que han sido tratados los diferentes temas, desde la importancia que puede tener un objeto de uso o instrumento, contextualizando sus contenidos, como  el objeto de arte y su valor artístico e histórico, hasta la sensación que se puede percibir al visualizar los diferentes periodos climáticos por los que han transcurrido los distintos periodos históricos.

Pero quizás lo que más te conmueve de todas las salas es la belleza que encierra el espacio monográfico dedicado al arte mueble, tallado en hueso y asta, de los yacimientos de La Garma, El Castillo, El Pendo y Altamira…, de una riqueza exquisita e indescriptible. Creo que no existe otra colección tan rica como ésta en el mundo. Los soportes están colocados de modo que las piezas de arte inmueble puedan contemplarse desde todos los ángulos y observarse hasta los detalles más minuciosos.  Un museo muy recomendable para visitar, ideal para todas las personas que pasen por Santander.

Sólo me queda felicitar a todas las personas que han colaborado y trabajado en este proyecto museístico por la labor realizada, ya que han logrado un museo interactivo, didáctico, actual y muy acorde con todos los públicos.