martes, 20 de diciembre de 2016

LAS PRIMERAS EVIDENCIAS DE HUESO TRABAJADO / THE FIRST EVIDENCE OF BONE WORKED.

Hasta la fecha, siempre se ha asociado la industria ósea con evidencias de registros fósiles procedentes de contextos del  Paleolítico Superior.
Un artículo reciente de Andrea Zupancich, publicado en la revista Nature, nos indica que en  la cueva de Qesem (Israel), con un registro del Paleolítico Inferior, se han hallado dos herramientas de sílex que presentan restos de material óseo en su filo. Dentro del mismo contexto cultural, pero en un nivel estratigráfico distinto, se ha registrado un fragmento de tibia perteneciente a un gamo.  Este hueso presenta una serie de incisiones cortas y profundas, conectadas en un mismo punto y, además, superpuestas, lo que se ha identificado como un aserrado.
La solución que dan los investigadores, ante tales evidencias, es que los homínidos que ocuparon la cueva de Qesem transportaron piezas seleccionadas de animales cazados y, después de consumir su carne, grasa y tuétano, ocasionalmente utilizaron los huesos de los animales desechados para usos distintos de los alimentarios.


Según los datos presentados en la revista, se cree que tales hechos tuvieron lugar entre 420.000 y 300.000 años. Y que posiblemente sean las evidencias más antiguas hasta la fecha, relacionadas con una fracturación intencional de hueso con fines distintos de los alimentarios, utilizando para ello una serie de herramientas de sílex.

Referencia:
A. Zupancich, et al., 2016: Las primeras evidencias del uso de herramientas de piedra en el hueso  trabajado en la cueva Qesem, Israel. SCi.Rep.6, 37686.




domingo, 11 de diciembre de 2016

NUESTRAS PIONERAS EN ARQUEOLOGÍA: María Encarnación Cabré Herreros.

María Encarnación Cabré fue una pionera en el mundo de la arqueología, aunque podemos decir que se crió entre cerámicas, vasijas, molinos y todo tipo  de registros arqueológicos, ya que era hija del prestigioso arqueólogo Juan Cabré, lo que le dio la oportunidad de estar en contacto con excavaciones desde una edad muy temprana, además de un bagaje de conocimientos  que  fue forjando una vocación por esta especialidad.
Corría el año 1911 cuando nació Mª Encarnación, en una época en que el panorama laboral para la mujer era casi inexistente; en esa época, las únicas salidas laborales que tenían las mujeres eran el magisterio, los archivos y las bibliotecas; será esta última la que le abrirá las puertas a la mujer para  acceder a la arqueología. Pero Mª Encarnación ya desde pequeña acompañaba a su padre a las excavaciones, era su más estrecha colaboradora, realmente participó en varias campañas que se realizaron en el Castro de Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila) y en la necrópolis de La Osera; de hecho, realizaba multitud de dibujos de las piezas recuperadas de una excelente calidad y siempre tomaba notas in situ, en su cuaderno de campo, sobre los trabajos que se realizaban en las excavaciones en el día a día.  Con apenas 18 años, ya participó en el IV Congreso Internacional de Arqueología, celebrado en Barcelona en 1929, presidido por Mélida y con Bosch Gimpera como secretario; allí presentó, junto a su padre, una comunicación sobre la cerámica de Cogotas.
Para ello, estudió Filosofía y Letras, sección de Historia, en la Universidad Complutense de Madrid, que finalizó en 1932. Ya antes de terminar la licenciatura, participó en el XV Congreso Internacional de Arqueología y Antropología Prehistórica, celebrado en Portugal, donde presentó un estudio sobre cerámica peninsular. También sustituyó a su padre en la excavación de Alcalá de Azaila (Teruel), sin haber terminado aún sus estudios. Cuando finalizó su licenciatura, se matriculó en los cursos de doctorado. Para ello, solicitó una beca de la Junta Superior de Ampliación de Estudios de Madrid, con la que pudo asistir a cursos en las universidades de Berlín y Hamburgo, donde cursó prehistoria y etnografía. En esta época obtuvo una beca para participar en un crucero por el Mediterráneo (para realizar prácticas de arqueología) y, a su regreso, un puesto como profesora ayudante en el departamento de Arte de la Universidad Central.
Viajó por varios países para impartir conferencias y recopilar información para su tesis doctoral, que no llegó a terminar; entre ellos se encontraban Marruecos, Alemania, Francia, Austria, Italia, Checoslovaquia y Suiza. Quizás uno de sus trabajos más reconocidos fue el que realizó en la cueva de los Casares, en Riba de Saelices (Guadalajara), donde llevó a cabo los grabados de arte rupestre paleolítico y los dio a conocer tanto en Inglaterra como en Alemania y en Bruselas, durante el XVI Congreso Internacional de Antropología.
Su trabajo más meritorio fue el de salvaguardar el patrimonio artístico que teníamos en el Museo Nacional durante la Guerra Civil Española. Durante este periodo Mª Encarnación se quedó en Madrid con su padre (que rechazó la propuesta de trasladarse a Valencia cuando estalló esta), que por aquella fecha era director del Museo Cerralbo. La guerra afectó negativamente la vida de Encarnación porque tuvo que abandonar su labor de investigación y su labor pública, que había desempeñado hasta ese momento. En 1939 contrajo matrimonio y tuvo ocho hijos. La vida familiar y los acontecimientos políticos que la rodeaban, unidos a la muerte de su padre y la de una de sus hijas, fue mermando poco a poco la vida laboral tan fructífera que había llevado; aunque nunca se separó totalmente de la Arqueología, así, mandaba trabajos a la revista de Guimaraes y a revistas de Prehistoria españolas, así como, a congresos; pero siempre con el objetivo de mantener vivo el nombre de su padre que había fallecido en 1947.
Cuando uno de sus hijos, Juan Antonio, terminó la Licenciatura en Filosofía y Letras, Encarnación volvió poco a poco a retomar sus estudios arqueológicos y colaboró con su hijo en dichos trabajos.

Referencias:  

 - Baquenado Beltrán, I., 1993: “Encarnación Cabré Herreros. La primera mujer en la arqueología española”. Revista de Arqueología, 146. 
 
Encarnación sentada junto a una vasija hallada en el Cerro de El Castillo (Cardiñosa, Ávila) 1928. Foto: Ministerio de Cultura. Fototeca del Patrimonio Artístico Archivo J.Cabré.

Encarnación tomando notas sobre un hallazgo en la necrópolis de La Osera. Foto: Ministerio de Cultura. Fototeca del Patrimonio Artístico Archivo J. Cabré

Encarnación, en la necrópolis del castro de Las Cogotas (Cardiñosa, Ávila) 1927. Foto: Ministerio de Cultura. Fototeca del Patrimonio Artístico Archivo J. Cabré.


domingo, 20 de noviembre de 2016

MUSEO ARQUEOLÓGICO DE GALERA (Granada-Andalucía).

Galera es un pequeño municipio granadino situado en el altiplano de Baza-Huéscar. Sin embargo, es conocido, tanto a nivel nacional como internacional, por la herencia arqueológica que atesora, que se extiende desde la Prehistoria hasta la Edad Media. 
Los restos de su riqueza arqueológica provienen principalmente de los yacimientos de Castellón Alto y Fuente Amarga; en total, se han recuperado más de 130 sepulturas funerarias de la Edad del Cobre.
En su término municipal existen más de 45 puntos arqueológicos catalogados y ha sido uno de los ámbitos álgidos de la arqueología española a lo largo del s. XIX y principios del XX, en los que se han llevado a cabo diversas intervenciones arqueológicas, de la mano de Juan Cabré, Federico de Motos, Wilhelm Schüle, Manuel Pellicer, Fernando Molina y Oliva Rodríguez-Ariza.
En el año 2001, abrió sus puertas el Museo Arqueológico, que se emplazó en el antiguo convento de monjas de Cristo Rey y acoge los materiales arqueológicos de casi todos los períodos del desarrollo histórico de la zona. 
Todas las zonas, ricas en registros arqueológicos, corren el riesgo de ser expoliadas; es lo que le ha pasado a Galera. Los habitantes del lugar, cuando labraban sus tierras, les salían auténticas colecciones de material arqueológico y desaparecían. 
Este hecho fue lo que llevó a las autoridades del lugar a crear un museo en 1998. Al principio se disponía de poco material, pero poco a poco los habitantes se fueron concienciando del valor de su patrimonio y empezaron a donar  sus colecciones. De esta forma, se comenzó a catalogar y restaurar las piezas donadas. Gracias a esta iniciativa de contar con un museo, se ha conseguido que, con los años, Galera pueda contar con una de las piezas más emblemáticas de todo el museo y  que sea depositada allí, y no en el museo provincial: “La Momia de Galera”,  de la sepultura 121, de Castellón Alto.
Si hacemos un recorrido por sus salas, vemos que la primera planta está dedicada a la prehistoria. Se exponen materiales cerámicos, líticos y metálicos  que reflejan los modos de vida de las sociedades de la Edad del Cobre y  del Bronce  (Cultura Argárica).
En la planta baja se encuentra una de las piezas más misteriosas de esta zona, que le ha dado renombre a este pueblo: la “Diosa de Galera”, descubierta en 1916 en la necrópolis  de Tútugi. Aparece junto a un ajuar formado por 4 vasijas gemelas de distintos tamaños, dos frascos de vidrio y una copa ática de barniz negro. 
Tiene una datación del s. VII a. de. C. Es una pequeña escultura tallada en alabastro que representa a la diosa Astarté. La deidad aparece sentada junto a dos esfinges y sostiene un gran cuenco en su regazo. El busto es hueco para verter líquido  tanto por la parte superior de la cabeza como por los pechos, hasta llegar a la pila. 
La función de esta escultura todavía no se ha podido determinar; se cree que pudo servir para llevar a cabo algún tipo de ritual, pero aún queda por precisar.
El hallazgo de esta escultura se extendió por todo el territorio y la pieza fue adquirida por el restaurador Luis Siret. Años después, Luis Siret la donó al Museo Arqueológico Nacional, donde permanece actualmente. 
En Galera se conserva una copia. Sería de justicia que la pieza original volviera a su lugar de origen.
En el año 2002, en una de las terrazas del poblado de Castellón Alto, se encontró una sepultura con restos humanos parcialmente momificados, pertenecientes a la cultura de El Argar.
Los restos pertenecen a un varón adulto de entre 27 y 29 años, de estatura de 1,60 m. Sus manos y brazos estaban flexionados sobre el pecho. Se ha conservado casi todo su cuero cabelludo; el pelo era largo y negro, con dos trenzas laterales y una cola central. También se han conservado trozos de tejido del vestido, que era de lino y lana, y, al cubrir la cabeza, aparecen restos de un gorro de lana.
Junto al varón se encuentra un niño de 4 años que posiblemente fue extraído de su sepultura original y colocado junto al padre, ya que los restos no presentaban conexión anatómica al momento de su extracción.
Para conservar este excelente conjunto momificado, el único que se conserva en España hasta la fecha, se ha fabricado una vitrina especial, totalmente hermética, en la que el oxígeno se ha sustituido por nitrógeno. Esto impide que en el interior se desarrollen microorganismos o focos de oxidación que afecten a la conservación de los restos.
El museo también cuenta con una bodega, donde se presenta una colección etnográfica sobre la elaboración del vino, el cáñamo y el esparto…
Decir que, a pesar de tratarse de un museo ubicado en una población pequeña, este alberga una excelente colección de material arqueológico de la cultura Argárica. Además, está muy bien coordinado: desde el mismo museo empiezas con una visita guiada por él. Te proporcionan la visita guiada a los yacimientos de Castellón Alto y  de Fuente Amarga.

él











miércoles, 2 de noviembre de 2016

CANCHO ROANO

En medio de la dehesa extremeña y en pleno corazón de la comarca de La Serena, se encuentra una de las residencias más emblemáticas y, a la vez, polémicas de la Prehistoria española, que el Historicismo Cultural ha considerado un palacio-santuario de origen tartésico.
El hallazgo surgió a raíz de un agricultor ilipense (1970) que quería labrar sus tierras, pero el arado no se lo permitía debido a la concentración de piedras en ese lugar. Pero, gracias a la sensibilidad por el patrimonio histórico y arqueológico y al rico registro que se iba descubriendo, el maestro del pueblo de Zalamea de la Serena lo puso en conocimiento de las autoridades.
El hallazgo pasó a manos del profesor Juan Maluquer de Motes, especialista en la cultura tartésica. En aquella época (1978), Maluquer era inspector de excavaciones arqueológicas y decidió llevar a cabo una intervención de urgencia, en la que el Instituto de Arqueología y Prehistoria de la Universidad de Barcelona se haría cargo de los estudios. Tras el fallecimiento del profesor Maluquer, los trabajos fueron continuados por el arqueólogo Sebastián Celestino Pérez.
El yacimiento fue fechado entre los siglos V y VI a. C. Está estructurado en torno a un edificio central y   rodeado por una serie de pequeñas habitaciones. Toda la estructura constructiva se encuentra dentro de un foso excavado en la roca. En el edificio se determinan tres etapas constructivas: la primera fase se construyó sobre una cabaña ovalada, donde se levanta el primer edificio, de planta cuadrada, construido con muros de adobe sobre una base de mampostería, del s. VI a.C. Sobre esta base se edificó una segunda planta donde se ha llegado a dominar hasta tres altares de adobe, dos de ellos con forma de piel de vaca.  Sobre esta planta, en el s. En el siglo XIX se construyó una tercera planta, que le confiere a este edificio una personalidad propia.
Todo el edificio fue construido sobre una base sólida de piedras y alzado de adobe; todo el exterior fue enlucido con arcilla roja, así como las habitaciones, mientras que el interior fue tratado con cal blanca. Una de las habitaciones está enlucida con ladrillos de pizarra.
En la parte central del edificio se levantó la habitación principal, donde se alzó un gran pilar rectangular que haría las veces de altar. A esta parte central se accede por un patio cuadrado que, en su centro, alberga un gran pozo que hoy en día se sigue alimentando con agua del río Cagancha.
Pero lo más significativo de todo el palacio, desde el punto de vista de la arqueozoología, es la gran cantidad de restos óseos de fauna que se han recuperado, gran parte de ellos con marcas de corte, es decir, de animales que fueron consumidos. Entre los animales identificados tenemos vaca, corderos, jabalí, ciervo, cabra, zorro, cerdo y caballo. El caballo es el animal más emblemático del yacimiento, ya que se representa en muchas manifestaciones artísticas y rituales. Este animal posiblemente tendría un significado simbólico, ya que no presentaba signos de haber sido supeditado o sometido a trabajos de tracción ni a monta.
Otros objetos recuperados han sido: una rica colección de cerámicas e instrumentos de hierro destinados a labores agrícolas y al mantenimiento del edificio.  También cuenta con hoces, cuchillos, clavos, pesas, molinos y ánforas, brazaletes egipcios, cuentas de ámbar, brazaletes, orzas, calderos, copas griegas, sellos de piedra y joyas de oro.
Como se describe al principio, Cancho Roano es un yacimiento que, desde que fue descubierto, se ha visto rodeado de multitud de polémicas, debido a la variedad de hipótesis a las que se ha sometido, ya que se encontraba en una zona, Extremadura, con un gran vacío de investigación y de registros arqueológicos.
La hipótesis que más ha prevalecido a lo largo del tiempo ha sido la de un enclave fenicio, tartésico y su función era la de un palacio-santuario basada en la teoría de Almagro Gorbea, pero según las últimas investigaciones basadas en los registros encontrados en la zona como: el yacimiento de La Mata (Campanario, Badajoz), Turuñuelo (Guareña, Badajoz), y Tamborrico (Villanueva de la Serena, Badajoz) se está viendo que se trata más bien de formaciones económico-sociales del Bronce Final o formaciones con tecnología del hierro que expandieron sus estructuras y sistemas de explotación del medio a sus territorios circundantes, considerando estos grandes edificios como residencias rurales de algún linaje aristocrático. En los alrededores de estas residencias aparecen necrópolis y pequeños poblados que les confieren a estos edificios un papel de centro de dominio agrícola; son las formaciones sociales que se van consolidando e introducen nuevos ordenamientos territoriales aristocráticos, basados en la propiedad privada de las tierras agrícolas y ganaderas.
Se puede decir que estas formaciones económico-sociales locales de época posorientalizante han tenido conexiones con las culturas tartésicas, fenicias y griegas dedicadas al comercio en el sur peninsular.
Observaciones: Para las personas que quieran visitar este yacimiento, indicar que se encuentra a tan sólo 10 km de la población de Zalamea de la Serena (Badajoz). El lugar cuenta con un Centro de Interpretación que acoge objetos hallados durante las excavaciones, así como una enorme maqueta. También cuenta con enormes paneles en los que, mediante fotografías, se reflejan los hallazgos registrados en el yacimiento.
Como todo centro de interpretación, cumple la función de información, divulgación y educación, en definitiva, una excepcional puesta en valor del yacimiento, donde el visitante adquiere una visión global del funcionamiento de este edificio. Decir que todos los trabajos desarrollados en el yacimiento han sido financiados por la Junta de Extremadura y la Mancomunidad de Municipios de la Serena, y que han supuesto un desarrollo económico para los municipios, lo que ha dado lugar a una expansión turística de la zona.
También, para quienes estén interesados en conocer toda la trayectoria arqueológica y la bibliografía generada desde 1980 hasta 2010, la Diputación de Badajoz ha editado la obra: “Cancho Roano: más que palabras. Bibliografía crítica sobre el yacimiento post-orientalizante de Zalamea de la Serena”, del arqueólogo Javier Jiménez Ávila. Un excelente trabajo historiográfico sobre este singular yacimiento.










jueves, 20 de octubre de 2016

ASPHA



El sábado nos reunimos en Cádiz, los miembros de ASPHA (Asociación Profesional del Patrimonio Histórico-Arqueológico de Cádiz), para celebrar nuestra reunión anual. Contamos con la presencia de D. Francisco Giles Pacheco, miembro de honor de la Asociación.
ASPHA es una asociación profesional que se creó en julio del año 2008. Entre sus objetivos principales están la defensa y la difusión del Patrimonio Histórico y Arqueológico. La idea surgió a raíz de un grupo de arquolog@s y personas afines a la arqueología (historiadores, geólogos, restauradores, químicos, etc.) que tenía una serie de inquietudes sobre nuestro patrimonio Histórico-Arqueológico y, al ver las diferentes vicisitudes por las que atravesaba y atraviesa nuestra profesión, decidimos asociarnos para dar solución a los múltiples problemas que nos afectaban.
Se estableció una serie de cauces de actuación para los miembros; entre ellos,  destacamos la elaboración de nuestros estatutos, así como los fines y objetivos de la asociación, su funcionamiento y su regulación.
Otra de nuestras líneas de actuación fue darla a conocer a través de la prensa, que se convocó en diciembre. En ese año actuaban como presidenta la arqueóloga Esperanza Mata Almonte y como vicepresidente tesorero Manuel Montañés Caballero. Nuestra compañera, Beatriz González Toraya (in memoriam), lo hacía como secretaria; era la parte más activa de la Asociación, la que siempre nos impulsaba a seguir adelante; siempre estará con nosotr@s.
Gracias a los esfuerzos realizados por los miembros de la Junta Directiva a lo largo de estos años, hemos visto cómo nuestra asociación ha crecido y desarrollado múltiples trabajos enfocados en la protección del patrimonio, tal como lo demanda la sociedad, no solo como recurso educativo y pedagógico, sino también como recurso turístico.
Creemos que la arqueología debe ocupar un lugar en el mundo de la gestión del patrimonio y, desde esta perspectiva, entenderemos mejor los contextos históricos, sociopolíticos y económicos básicos para comprender nuestra problemática actual. La arqueología está en continuo avance y entra en contacto con campos muy diversos, como el desarrollo rural, la ordenación del territorio, las políticas urbanísticas, la gestión ambiental, la cinegética y la forestal, la restauración, la arquitectura, la gestión empresarial, entre otros.  La legislación sobre la protección del patrimonio previene la realización de estudios arqueológicos en el marco de las estimaciones de impacto ambiental, para evitar la posible destrucción de yacimientos que puedan provocar la ejecución de algunas obras. 
También se realizan trabajos de recopilación e inventarios de los restos arqueológicos que aparecen en los yacimientos, es decir, su campo de actuación es muy amplio, por eso los miembros de la Asociación estamos realizando diferentes trabajos en los más variados temas de arqueología y patrimonio histórico y cultural, unos lo hacen en excavaciones de campo, otros en la arqueología subacuática, arqueología experimental, labores en museos, tareas de investigación, y realizando actividades de difusión y divulgación de nuestro Patrimonio Arqueológico. 
Desde nuestros diferentes posicionamientos creemos que es imprescindible hacer comprender a la sociedad en su conjunto, desde la formación y la connivencia, la importancia de preservar y conocer nuestro patrimonio arqueológico.
No queremos dejar pasar nuestro agradecimiento a D. Manuel Sánchez Ortiz de Landaluce, Vicedecano de Grados de la Universidad de Cádiz, por su apoyo incondicional, su participación y su buena predisposición en todos los eventos programados por la Asociación.

Primera reunión de ASPHA en el año 2008. En Medina Sidonia (Cádiz), población que siempre nos ha acogido con cariño.
Cádiz  2016

martes, 13 de septiembre de 2016

CUEVA DE EL PENDO (Camargo, Santander)

Uno de los eslóganes con los que se presenta Santander es Cantabria Infinita, por la diversidad de parajes que conserva, entre ellos, la cantidad de cuevas prehistóricas que se han preservado hasta nuestros días.
En pleno valle de Camargo, en la localidad de Escobedo, se encuentra la cueva El Pendo; ha sido una de las primeras cuevas descubiertas en la cornisa cantábrica y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 2008.
Esta cueva se formó durante miles de años. El arroyo que recorre la sierra del Peñajarao fue erosionando la roca del farallón calizo donde se abre la gruta, abriéndose paso y confirmando un conducto subterráneo por lo que las aguas superficiales de escorrentía alcanzan el nivel freático.
Posteriormente, los estratos de caliza dispuestos horizontalmente fueron desplomándose y los grandes bloques que cayeron desde el techo y las paredes fueron sepultando el suelo de ocupación. Todo este proceso geológico ha dado lugar a una oquedad con una amplia boca y un vestíbulo extenso.
Esta cavidad fue descubierta por Marcelino Sanz de Sautuola, quien era muy aficionado a la arqueología, y en los años 1870 y 1880 se dedicó a explorar las tierras de Santander en busca de los orígenes de sus habitantes. Y encontró la cueva El Pendo, donde descubrió un gran número de restos óseos, algunos de ellos tallados, así como dientes de animales y objetos de pedernal tallados. Durante varios años se realizaron sondeos y catas, pero fue con el arqueólogo Hermilio Alcalde del Río, en 1907, quien realizó la primera referencia estratigráfica de la cueva y descubrió los primeros grabados: en concreto, lo que se estima que es un ave en la parte más profunda de la cavidad y un posible caballo.
Han sido muchas las intervenciones que se han llevado a cabo tanto dentro como fuera de la cavidad, y han sido varios los equipos que han trabajado, entre los que destacan los dirigidos por los arqueólogos  Jesús Carvallo y Larín, Julio Martínez Santa Olalla y Ramón Montes. Por eso, la cueva El Pendo es uno de los yacimientos más citados en la historiografía arqueológica de la Península Ibérica. Sus numerosas intervenciones han dado lugar a la publicación de tres monografías  y numerosos trabajos: la primera de ellas fue publicada por el padre Jesús Carvallo y Larín en 1933; fue seguida por la llevada a cabo por J. González Echegaray en 1957; y la tercera, por Ramón Montes y Juan Sanguino, en 2001, que viene a dilucidar los últimos hallazgos.
La secuencia estratigráfica de la cueva del Pendo abarca desde el Paleolítico Medio hasta la Edad del Bronce, es decir, desde hace 84.000 años hasta hace 1.500 años. Los primeros habitantes de la cueva fueron los neandertales, quienes la ocuparon como hábitat. De sus ocupaciones han quedado miles de restos acumulados en depósitos de hasta 5 metros de profundidad. A través de ellos sabemos que los neandertales fabricaban utensilios de sílex obtenidos de sus alrededores.  La caza de caballos, bisontes y ciervos y la recolección de frutos silvestres eran la base de su subsistencia.  Del ciervo, el Homo sapiens aprovechaba prácticamente todo; además de su carne, los huesos y astas le servían para la fabricación de bastones de mando, azagayas, arpones perforados, espátulas y agujas para coser.
El valor arqueológico de la cueva El Pendo, en un principio, se debió a su registro arqueológico y de arte mueble. No fue hasta la campaña de 1997, llevada a cabo por los investigadores Sanguino y Montes, cuando un miembro del equipo (el topógrafo) percibió la presencia de pinturas en la parte profunda de la cavidad, en concreto, en un amplio panel de 15 a 20 metros de ancho, cubierto de suciedad y de una gran cantidad de líquenes. Tras una fase de limpieza y restauración se descubrió lo que posteriormente sería conocido como “Friso de las Pinturas”.
Ese gran mural comprendía una decena de ciervas, cabras, caballos, zoomorfos indeterminados y signos y trazos pintados. La técnica utilizada es el punteado en pinturas realizadas con el tampón y el dedo, con pigmento de óxido de hierro rojo.
Podemos considerar que en la cueva El Pendo se observa una concentración de figuras parietales con características técnicas y estilísticas muy similares a las de la cueva de Covalanas.
Pero quizás la riqueza de la cueva radica en su arte mobiliar. El valor de las piezas encontradas no tiene ningún otro referente en toda Europa; hablamos de bastones de mando perforados, de gran finura y de laboriosidad en su elaboración. Así como una rica colección de objetos grabados en hueso y asta, tales como arpones, azagayas, bastones perforados, agujas y espátulas. Hay una rica variedad de animales representados en estos objetos, como serpientes, cabras, peces, etc., lo que pone de manifiesto la capacidad de observación de estos grupos humanos y el realismo con que los plasmaron.
Durante este mes de septiembre se llevará a cabo la primera excavación, realizada con un equipo multidisciplinar del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social y del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de la Universidad de Cantabria, y dirigida por Edgard Camarós, junto a los codirectores del proyecto, Pablo Arias y Marian Cueto.
El objetivo de este proyecto es investigar los procesos evolutivos y el comportamiento de Homo neandertal y Homo sapiens sapiens.

neandertal

Entrada a la cueva.



Vestíbulo principal.
Esplanocráneo infantil de Homo sapiens. Magdaleniense Inferior.
Venus del Pendo.
Algunas de las azagayas decoradas, arpones de una hilera de dientes, matrices óseas para agujas, agujas con ojo, punzones, punzón decorado con incisiones. Magdaleniense.
Hueso con representación de caballo. Magdaleniense Superior Final. 13.000-11.500 BP.
Bastón de mando.



viernes, 19 de agosto de 2016

MUSEO DE PREHISTORIA Y ARQUEOLOGIA DE SANTANDER (MUPAC).

En el año 2003, recién defendida mi tesis Doctoral, se celebró la 45ª Reunión Anual de la Sociedad Hugo Obermaier, en Santander, un encuentro científico de carácter internacional en el que se presentaron los resultados de las últimas investigaciones realizadas en  los diferentes países del mundo, en torno al Paleolítico. Y allá me fui, con unos compañeros del Grupo de Investigación (Pedro Cantalejo, Salvador Domínguez y Rafael Maura).
El congreso estuvo organizado por el Grupo de Prehistoria de la Universidad de Cantabria y se celebró en la Escuela Superior de la Marina Civil y en el Museo de Altamira. Contó con la asistencia del presidente de la Hugo Obermaier-Gesellschaft  (Ludwig Reisch). Una de las actividades que realizamos en estos días fue la visita al Museo Arqueológico de Santander, nada trascendental, ya que se trataba de un museo bastante clásico.
Este verano he pasado de nuevo por Santander y me he llevado una grata sorpresa al visitar este museo. De entrada, se le ha asignado una nueva ubicación en el Mercado del Este, en un edificio construido entre 1839 y 1842, declarado Bien de Interés Cultural en 1986.
Este nuevo espacio ofrece un itinerario cronológico que abarca desde la Prehistoria hasta el Medievo y se inicia con una estupenda introducción a la Arqueología, en la que la  Zooarqueología es la gran protagonista. Aquí, los restos óseos de animales adquieren un lugar destacado para comprender los modos de vida de las sociedades paleolíticas y la importancia que tiene la caza para estas comunidades.   Las diferentes salas están dotadas de material informático, pantallas interactivas digitales, paneles y vídeos, lo que te garantiza información exhaustiva sobre los distintos contenidos y las fases por las que pasó la prehistoria. Me llamaron mucho la atención la sensibilidad, la escenografía  y la sensación con que han sido tratados los diferentes temas, desde la importancia que puede tener un objeto de uso o instrumento, contextualizando sus contenidos, como  el objeto de arte y su valor artístico e histórico, hasta la sensación que se puede sentir al visualizar los diferentes periodos climáticos por los que han ido transcurriendo los distintos periodos históricos.

Pero quizás lo que más te conmueve de todas las salas es la belleza que encierra el espacio monográfico dedicado al arte mueble, tallado en hueso y asta, de los yacimientos de La Garma, El Castillo, El Pendo y Altamira…, de una riqueza exquisita e indescriptible. Creo que no existe otra colección tan rica como ésta en el mundo. Los soportes están colocados de forma que las piezas de arte inmueble se pueden contemplar desde todos los ángulos y se pueden observar hasta los detalles más minuciosos.  Un museo muy recomendable para visitar, ideal para todas las personas que pasen por Santander.

Sólo me queda felicitar a todas las personas que han colaborado y trabajado en este proyecto museístico por la labor desarrollada, ya que han logrado un museo interactivo, didáctico, actual y muy acorde con todos los públicos.